La leyenda del anillo del rey nos enseña que 'todo pasará'

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Carlos Laforet Coll
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Cuando nos encontramos en momentos de desesperación, soledad o desesperación, tendemos a pensar que las cosas no pueden cambiar. Una buena forma de afrontar las dificultades diarias puede ser la de 'todo pasará'.

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Cuando nos encontramos en momentos de desesperación, soledad o desesperación, tendemos a pensar que las cosas no pueden cambiar. Una buena forma de afrontar las dificultades diarias puede ser la de la 'todo va a pasar'.





Cuántas veces un amigo o una persona cercana a nosotros, al vernos sufrir, nos ha consolado con un 'ya verás que todo pasará'. Esta simple frase, aunque parezca trivial, también puede ser la llave adecuada para abrir esa puerta que tenemos delante.

La puerta puede ser representada por un problema del corazón, una pelea con alguien, un apuro económico y demás, todas situaciones que pueden quitarnos la tranquilidad emocional y más.

La leyenda del mensaje escondido en el anillo del rey puede ayudarnos a reflexionar en estas circunstancias.

La leyenda del anillo del rey

Se dice que una vez un rey convocó a los más sabios del reino y les preguntó: “¿Hay algún mantra o sugerencia que funcione en cualquier situación, en cualquier circunstancia, en cualquier lugar y en cualquier momento? ¿Algo que pueda ayudarme cuando ninguno de ustedes está cerca para darme un consejo? Dime, ¿existe tal mantra?

Todos los sabios quedaron sorprendidos por la pregunta del Rey ¿Una respuesta a todas las preguntas? ¿Algo que pueda funcionar en cualquier lugar, en cada situación, es decir, en cada alegría, en cada dolor, en cada derrota y en cada victoria? Pensaron y repensaron.

Después de una larga discusión, un anciano sugirió algo que convenía a todos. Entonces fueron al rey y le trajeron el resultado escrito en un papel, con la condición de que el rey no lo mirara solo por curiosidad. Solo en momentos de extremo peligro, cuando el Rey estuviera solo y sin salida, sería capaz de leerlo.

El Rey colocó el papel debajo de su anillo de diamantes. Pasó el tiempo y los vecinos atacaron el Reino. Fue un ataque sorpresa. El rey y su ejército lucharon valientemente pero perdieron la batalla. El Rey tuvo que escapar a caballo y adentrarse en la selva.



Pero de repente el Rey se encontró al final de un camino cerrado. Había un acantilado debajo, saltar era morir, los enemigos que lo perseguían se acercaban y el Rey estaba preocupado, parecía no tener salida, entonces de repente vio el diamante brillando al sol y recordó el mensaje escondido en el anillo. Abrió el diamante y leyó el mensaje que decía: "Esto también pasará".

El Rey lo leyó y luego lo volvió a leer. De repente algo se movió: ¡Sí! ¡Esto tambien pasara! Hace apenas unos días, disfruté de mi reino, era el Rey más poderoso de todos. Y ahora el Reino con todos sus placeres se ha ido. Estoy aquí tratando de escapar de los enemigos. Y así como pasaron aquellos días, también pasará este día de peligro.

La calma volvió a su rostro. Siguió quedándose donde estaba. El lugar estaba lleno de belleza natural. Nunca había visto este hermoso lugar en su Reino. La revelación del mensaje tuvo un gran efecto en él. Se relajó y se olvidó de sus enemigos.

Después de unos momentos se dio cuenta de que el ruido de los caballos se había desvanecido. Se habían mudado a otro lugar, a las montañas cercanas.El rey era muy valiente. Reorganizó su ejército y luchó de nuevo. Derrotó al enemigo y recuperó su imperio.

Tras la victoria, fue recibido con gran esplendor. Toda la capital estaba en la euforia de la victoria; Se arrojaron lluvias de flores sobre el rey en señal de honor y reconocimiento. La gente cantó y bailó. Por un momento el Rey se dijo a sí mismo: “Soy uno de los reyes más grandes y valientes. No es fácil vencerme”.

Vio emerger un sentido de ego dentro de sí mismo. De repente, el diamante del anillo brilló a la luz del sol y recordó el mensaje. Lo abrió y lo leyó de nuevo: "Esto también pasará". Se quedó en silencio. Su rostro cambió por completo, de egoísta a un estado de profunda humildad. Si eso también pasa, entonces no es tuyo. La derrota no fue tuya, la victoria no es tuya. Eres simplemente un espectador. Todo pasa. Somos testigos de todo esto. La vida viene y va. La felicidad viene y va. El sufrimiento viene y va.



¿Qué nos enseña esta leyenda?

Exactamente lo que dijimos al principio. A nadie le gustan los momentos de desesperación, pero hay que tenerlos en cuenta en el cuaderno de nuestra vida. Con solo dirigirse a ellos con la actitud correcta, finalmente podemos superarlos y convertirnos en aquellos que consuelan a los demás diciendo: 'ánimo, todo pasará'.

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dominella trunfio

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