Las buenas noticias también son buenas para su salud. La confirmación de la ciencia.

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Elia Tabuenca García
@eliatabuencagarcia

Está científicamente comprobado que ser bombardeado con buenas noticias también es bueno para nuestra salud.

No guardes el aguacate así: es peligroso

En las redes sociales o en la televisión, estar más en contacto con las buenas noticias también sería bueno para nuestra salud





Buenas noticias, o el arte de dar buenas noticias. El mundo nos parecería más color de rosa si se nos contara algún acontecimiento bueno, a pesar de la fealdad que parece invadirnos todos los días. No es así, o mejor dicho, no es todo así. La buena noticia está ahí y también sería bueno para nuestra salud escucharla un poco más.

Todo nos dispara a ráfagas, incluso si fuéramos extraterrestres sin una pizca de corazón. Pero el corazón está ahí y, del brazo de la mente, sufre mucho si a su alrededor sólo ve catástrofes. Está científicamente probado, de hecho, que recibir buenas noticias es bueno para el cuerpo y la mente.

Algo que refresca y nos da una lleno de positividad, que puede ser tanto la boda de los príncipes británicos como noticias como la reducción a la mitad del hambre en el mundo.

En resumen, no permitimos que la atención constante en las redes sociales y en la televisión tome como rehén a nuestra psique. ¿Qué haría falta para levantarnos? Sólo algunos hermosa historia de una humanidad amorosa inspirarse y ante los cuales regocijarse aunque sea por un momento.

No es coincidencia que algunos académicos estadounidenses argumenten que nuestro sistema nervioso simplemente no fue diseñado para manejar un aluvión diario de malas noticias, que contienen lo peor de la raza humana, traídas de todos los rincones del mundo. Este tipo de "inundación" es demasiado para la mayoría de las personas.

La tendencia hacia las primicias sensacionalistas desagradables en la televisión comenzó en la década de 90: desde entonces se ha pensado que las buenas noticias eran demasiado ligeras y poco atractivas, sin calcular que -por otro lado- paulatinamente una sobreabundancia de relatos pesimistas y deprimentes podría haber creado la percepción de un mundo lleno de delincuencia y codicia desproporcionada con la realidad. Es un poco como si a un niño solo se le da comida chatarra, que poco a poco se convierte en todo lo que sabe y quiere, pero si se le ofreciera fruta como refrigerio, aprendería a disfrutarla y así obtener el beneficio de un cuerpo más sano.



Los estudios

No ayudaría mucho: simplemente un periodismo más constructivo, que difunda noticias positivas y dé una visión de la realidad alejada de quienes quieren hacerla negativa. La razón es obvia: leer buenas noticias es bueno para nuestra salud.

En un estudio de alrededor de 3 adultos sanos, una Universidad de Londres descubrió hace unos años que aquellos que reportaron Los estados de ánimo optimistas tenían niveles más bajos de cortisol, la hormona del estrés que, cuando está alta, provoca presión arterial alta, un sistema inmunológico debilitado e incluso obesidad abdominal. En el estudio, las mujeres que reportaron más emociones positivas eran menos propensas a la inflamación crónica, relacionada con enfermedades cardíacas y cáncer. Los autores del artículo publicado en el American Journal of Epidemiology en 2008 concluyeron: "Las personas deben reconocer las cosas que las hacen sentir bien".

Otros dos estudios han asociado el optimismo con la salud del corazón: Investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard descubrieron que una carga de optimismo reduce las posibilidades de desarrollar enfermedades cardíacas y la tasa de deterioro pulmonar con la edad. "La función pulmonar disminuyó significativamente más rápido en los pesimistas, incluso teniendo en cuenta los principales factores de riesgo biológicos", dijo. De manera similar, un estudio holandés de hombres mayores encontró que aquellos identificados como "optimistas" estaban asociados con un 50% menos de riesgo de muerte cardiovascular durante los 15 años del estudio.

Básicamente, se ha demostrado varias veces que Cuanto más fuertes sean las concentraciones de noticias y medios negativos, mayores serán los niveles de estrés y ansiedad.. Todo esto también podría explicarse en términos de “pérdida de confianza”: ¿qué somos? ¿Adónde hemos llegado? ¿Qué tan malo hay alrededor? Lo que nos parece alucinante son las noticias negativas, como la furgoneta matando salvajemente, que desencadenan emociones poderosas y contradictorias.



En pocas palabras, hacer que las noticias puras sean “sostenibles” sería un buen método natural contra el desamor. Las noticias positivas, si se transmitieran con mayor frecuencia, podrían salvarnos de la angustia, poner en marcha procesos cognitivos virtuosos y tranquilizarnos.

¡Ver, leer y compartir la belleza podría poner en marcha la máquina de la belleza y quién sabe si el optimismo resultante no es el camino preferido hacia un mundo mejor!

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Germana Carillo

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