8 consejos que todo psicólogo te daría para vivir mejor

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Carlos Laforet Coll
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En el contexto del crecimiento personal, afrontar un camino de trabajo individual con un experto en relaciones de ayuda es, por regla general, una buena inversión: te permite acceder a nuevas comprensiones de ti mismo, a vivir una vida más plena, más feliz, más consciente.

No guardes el aguacate así: es peligroso

En el contexto del crecimiento personal, afrontar un camino de trabajo individual con un experto en relaciones de ayuda es, por regla general, una buena inversión: te permite acceder a nuevas comprensiones de ti mismo, a vivir una vida más plena, más feliz, más consciente.





También te permite tener respuestas y consejos personalizados.

Algunas de las cosas que aprendes, sin embargo, son válidas para la mayoría de las personas: aquí hay 8, para tener siempre en cuenta (no solo cuando sea necesario).

índice

Lo que experimentamos en la primera infancia afecta nuestra vida.

El entorno afectivo y relacional de los primeros años de vida es fundamental porque determina en cada niño su forma de mirar e interpretar el mundo, su sensación de seguridad o peligro, su autoestima. Los padres atentos (y sí, en particular la madre, sobre todo en los dos primeros años), receptivos, permiten crecer con un buen nivel óptimo de confianza en uno mismo y en los demás, con un apego seguro. No sólo eso: como adultos, tendemos a buscar en/en la pareja las características del progenitor del sexo opuesto al nuestro, con todas las consecuencias que de ello se derivan.

Reconocer que muchos mecanismos han sido “heredados”, entender que esto ha sucedido porque los padres también han sido hijos que han heredado modelos y dificultades, ayuda a hacer las paces con el pasado, a amar más conscientemente las propias raíces y a proyectar hacia adelante, en la vida, con la conciencia de que -siempre- se puede cambiar. Como el agricultor hace sedimentar el estiércol de los animales, los "trabaja" para que se conviertan en estiércol y con esto fertiliza el suelo, para que crezcan plantas frondosas, ricas en frutos jugosos y flores espectaculares, para que podamos aprovechar las dificultades más difíciles o menos grandes encontradas: se convierten en nuestro palo a vencer, el talento que estamos llamados a desarrollar.

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No siempre podemos encontrar explicaciones racionales para las acciones de los demás.

En algunas situaciones no podemos explicar el comportamiento de los demás: no entendemos por qué dijeron o hicieron esto o aquello. Lo cierto es que lo que para uno puede ser absurdo, para otro es normalidad: depende del ambiente en el que uno creció, de las vivencias realizadas. Una persona puede afirmar que quiere ir a la derecha y entonces, concretamente, sus pasos lo llevan a la izquierda aunque reitere que debe mantenerse siempre a la derecha. Hay dos verdades a tener siempre en cuenta: la primera es que cada uno de nosotros tiene su propia experiencia, su forma de entender y vivir las emociones, las situaciones, los problemas; la segunda es que -muchas veces- el pensamiento y la voluntad racionales son "transformados" por lo que se mueve entre el inconsciente y el subconsciente (y puede llevar mucho tiempo y mucho trabajo personal "verlo").

Dicho esto, nos sigue interesando entender por qué en nuestra vida nos encontramos con esa situación, nos encontramos en ese contexto, en ese momento: cuál es la parte útil, la enseñanza escondida, el estímulo para crecer que “vino para encontrarnos "?

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En situaciones problemáticas, es mejor empezar por uno mismo

Cada uno de nosotros reacciona a las situaciones en función de cómo "resuenen" en su interior. Quizás a todos les ha pasado que le dicen a alguien: "Estoy sufriendo por lo que me hiciste" siendo respondido: "Perdón pero ¿qué he hecho?". Cada uno tiene su propia experiencia: lo que una persona puede experimentar como una agresión, una falta de delicadeza para otra, no es nada especial. Para facilitar el diálogo, por lo tanto, es mejor comenzar por uno mismo, apegarse a una descripción "periodística" de los hechos, para contar sus sentimientos y estado de ánimo. Por ejemplo, decir: "cuando me dijiste esto y aquello, me sentí herido, triste, desorientado" predispone al oyente de una manera diferente a una frase acusatoria como "tus palabras me han herido".



Si queremos cambiar una situación emocional, relacional, lo primero que podemos hacer es empezar por nosotros mismos: este es el campo de juego más desafiante y, al mismo tiempo, el único sobre el que tenemos responsabilidad y posibilidad de acción. Los demás cambiarán, y en consecuencia modificarán sus elecciones, sus comportamientos, sólo cuando, si y cómo lo quieran: cae dentro del libre albedrío y depende de sus posibilidades (aunque sea cierto, como nos recuerda el enfoque sistémico, que todo es conectados: si una parte cambia, es muy probable que esto tenga una influencia activa y transformadora en el resto también).

Asumir la responsabilidad de la propia contribución (consciente o inconsciente) a la situación, el sentimiento, el pensamiento de uno, sin señalar con el dedo a los demás, sin acusar, le permite crear un entorno adecuado para el diálogo y la comparación.

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Honra quién eres, bienvenido el enfrentamiento

Compararse con los demás es importante, ayuda a reflexionar, a mirar las cosas desde nuevos puntos de vista y puede llevar a cambiar, también, tu mente. Esto se vuelve positivo y enriquecedor solo si tienes una buena conciencia de ti mismo, tus intereses y metas.

Inspirarse en los demás puede ser fantástico, pero adherirse a los modelos de los demás, aunque sean ganadores, nos aleja de nuestro Ser y sienta las bases para una vida que se volverá, en el fondo, infeliz.

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Es importante salir de tu zona de confort.

En el propio nido seguro nada nuevo puede suceder: en la vida personal, profesional, relacional, en los intereses. Hay que atreverse, probar cosas nuevas, ir a lugares diferentes, abrirse al mundo efervescente y mágico de las posibilidades que ofrece la vida.

Los que se mantienen firmes en sus hábitos y saberes mueren lentamente, como recuerda un poema de Neruda. Abrirse, probar, experimentar -con el deseo del bien para uno mismo y para los demás- permite aprender, crecer, mejorar, hacer buenos encuentros. que es la vida.

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Proteger las propias "fronteras"

Puede pasar que no te sientas respetado en tus propios espacios o incluso invadido: la suegra que fastidia y mete el pico donde no debe; el vecino que usa no solo los espacios de su condominio sino también los tuyos; el compañero de trabajo tratando de hacer tus zapatos. A menudo, estas situaciones se resuelven cuando tomas conciencia de tu "territorio", estableces los límites y eliges cómo, quién, si y cuándo otros pueden "entrar".

Ser consciente del lugar de uno (en las diversas áreas de la vida) y, en consecuencia, definir los límites aumenta la fuerza y ​​la autoridad personal. Este “cambio” también será percibido por los demás: quizás las conductas inapropiadas continúen pero quienes las realicen ya no tendrán una vida fácil como antes.

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Siempre comienza con un paso

Dejar los hábitos, los caminos siempre recorridos, las creencias que siempre nos han acompañado no es baladí. Una vez que se ha identificado un objetivo, una dirección, la atención debe cambiar al camino: un paso a la vez. Cada viaje comienza con un paso. Y luego viene el siguiente. Y así.

Todos los días, durante al menos tres semanas, mira los pasos dados, cómo mejorarlos, hacerlos más efectivos al día siguiente (sin preocuparte por el resultado final).

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Atesorar el conocimiento que proviene de las experiencias vividas

Cada situación estresante requiere energías nuevas e inesperadas: es necesario sacar a relucir los talentos no utilizados; se necesita un esfuerzo que capacite y consolide los conocimientos ya adquiridos; requiere un punto de vista nuevo y creativo. Por desafiante, exigente que sea, puede verse como una oportunidad y no como una "mala suerte": el enfoque con el que se afronta siempre marca la diferencia.

La experiencia te hace crecer, te ayuda a ampliar tu mirada: este nuevo conocimiento puede ser utilizado luego de manera constructiva, para mejorar tu propia vida y la de los demás. Sin repetir los mismos errores.

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